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Miguel Hernández Gilabert nace el 30 de octubre de 1910 en Orihuela (Alicante). Su padre es un modesto cabrero y, desde niño, le ayuda a pastorear el rebaño. Sin abandonar del todo esta tarea, asiste durante dos años al colegio de los jesuitas, pero tiene que dejarlo para dedicarse por entero al ganado. Toda su formación va a proceder de un ingente esfuerzo de autodidactismo. Se aficiona a la lectura y empieza a escribir versos. Se introduce en los cenáculos literarios en su pueblo natal, en donde se conoce a José Marín Gutiérrez, el célebre Ramón Sijé, que, aunque tres años más joven que Miguel, será su guía y maestro. Pronto empieza a publicar sus poemas en las revistas locales. Cargado de versos y de ilusiones, hace el primer viaje a Madrid a finales de noviembre de 1931. Su primer contacto con Madrid no le resulta nada fácil. Se siente solo, perdido dentro del bosque de edificios y asfalto. La ciudad le viene grande. Al llegar a la capital todo le sorprende: las avenidas, la escasa vegetación, y sobre todo, la prisa de sus gentes. Su mirada no alcanza a ver su sierra del Seminario, ni su río Segura, ni sus naranjos. Sin trabajo y abandonado de todos, Miguel se desespera. Y en plena ruina económica y moral, decide pedirá el dinero para que pueda realizar el viaje de regreso a su tierra en mayo de 1932. Miguel, tras su primera experiencia negativa madrileña, vuelve a intentarlo de nuevo. Así, en marzo de 1934, el poeta alicantino se encuentra de nuevo en Madrid. Este viaje supone un cierto triunfo para él. Durante los meses de julio, agosto y septiembre, José Bergamin le publica su Auto Sacramental. Comienza a relacionarse con los grandes poetas de aquel entonces: Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, y sobre todo, con el chileno Pablo Neruda. En esta ocasión obtiene trabajo en las Misiones Pedagógicas y después cambia de empleo y empieza trabajar con José Maria Cossío en la Enciclopedia Los toros. En enero de 1933 aparece, publicado por la editorial de La Verdad, en Murcia, el primer libro de Miguel Hernández: Perito en lunas. En un principio, Miguel pensaba titular este libro "Poliedros", nombre que sustituyó finalmente por el de "Perito en lunas". La influencia de Góngora es patente en todo el libro, que consta de cuarenta y dos octavas reales, estrofas utilizadas también por Góngora en su Polifemo. Precisamente, unos pocos años antes -concretamente en 1927- se celebró en toda España el tricentenario de la muerte del poeta cordobés, acontecimiento que propiciaría el surgimiento de la denominada "Generación del 27". Miguel Hernández desea sumarse, mediante la publicación de este libro, a la corriente poética que circulaba entonces por España, tal como habían hecho antes destacados poetas como Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, etc. Miguel demuestra en este libro un gran dominio de la metáfora. La luna -con su gran carga metafórica- es el hilo conductor de toda la obra. Su presencia-directa o indirecta- se manifiesta en cada octavo real. En unas ocasiones la luna será "linete", en otras "era", "hogaza", "narciso", etc. Lo mismo ocurre con la palmera, que se convierte, metafóricamente, en "surtidor", "columna", "espuela", "camello", "sierpe", "pájaro", etc. Miguel ha conocido a Josefina Manresa en 1933. A partir de entonces su poesía girará en torno a su "carcelera de amor", que inspirará gran parte de su creación poética. El descubrimiento del amor supone una importante transformación en la vida y en la obra del poeta oriolano. El amor es para Miguel Hernández algo real, tangible. No es una quimera o un ensueño. Su musa no es algo idílica, sino un ser concreto al que ama y desea. Por ello, la poesía amorosa de Miguel es también un canto al erotismo: Es el tiempo del macho y de la hembra Podemos decir que la poesía amorosa de Miguel Hernández se inicia con el soneto que regaló a Josefina, nada más conocerla: Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo. A partir de entonces, Miguel va plasmando su inspiración amorosa a través de diversos poemas que él desea fijar definitivamente en un libro. "El silbo vulnerado" es el título que piensa dar Miguel a este su primer libro de amor. Otros de los nombres que barajó Miguel es el de "Imagen de tu huella." Finalmente, editaría el libro con el título de El rayo que no cesa. Miguel Hernández publica este libro en 1936, con una significativa dedicatoria: "A tí sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya". En una carta, fechada en Madrid a finales de febrero de 1936, le anuncia a Josefina la publicación del libro: "Todos los versos que van en este libro son de amor y los he hecho pensando en ti, menos unos que van por la muerte de mi amigo". Este libro, "uno de los más extraordinarios libros de amor de la poesía española contemporánea", está compuesto por veintisiete sonetos, dos poemas y una elegía. Una de las imágenes que aparecen, de forma constante, en el libro es la del toro. El toro es la imagen de su desgarradora tragedia interior. Como el toro he nacido para el
luto El amor de Miguel es también bravío y desafiante, aunque sepa que puede tener un trágico desenlace. Otra de las imágenes utilizada en El rayo que no cesa es el mar. Yo sé que ver y oir a un triste enfada El rayo que no cesa conjuga, de manera sorprendente, el amor y la pena. Podríamos decir que es un canto apenado del amor. Desde el primer poema se levanta amenazante el "carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida" que cruza, cual rayo, todo el libro. En el momento en que estalla la guerra se encuentra en Orihuela. Va a Madrid el 18 de setiembre y se alista voluntario en el ejército popular de la república. Ingresa en el quinto Regimiento, de filiación comunista. Recorre los frentes como comisario de la cultura de El Campesino, recita sus versos en las trincheras, escribe teatro, poemas, prosas. EI estallido de la Guerra Civil será el origen de una forma de poesía para aquellos que, como el poeta alicantino, se encuentran comprometidos con una determinada ideología política y social. A partir de ese momento, los versos se convierten en un arma de guerra, en una llamada a la participación en una lucha común por defender unos ideales. Es también una poesia de denuncias, de reivindicaciones, de esperanzas. Los poemas de Viento del pueblo llaman, con tono épico y exaltado, a la lucha y a la participación de todos en la defensa de los ideales de justicia y libertad. El poeta alcanza sus momentos más patéticos en los poemas de contenido social, en los que vuelca su descorazonado corazón. "El niño yuntero" quizá sea el poema más tiernamente conmovedor de todo el libro. En él se ve reflejado el propio Miguel recordando su infancia de trabajo y penurias: Me duele este niño hambriento El segundo libro de Miguel Hernández, escrito durante la guerra El hombre acecha no pudo ver la luz por la entrada de las tropas franquistas en Valencia, en 1939. La honda preocupación social de Miguel Hernández se manifiesta, igualmente, en este libro a través de diversos poemas que expresan la angustia del hombre, víctima de la lucha fratricida, como "El hambre", "Pueblo", "El tren de los heridos", etc. En "Llamo a los poetas", Miguel convoca a todos los poetas contemporáneos suyos a solidarizarse con el pueblo: "Hablemos del trabajo, del amor sobre todo". Quizá sea el poema "El herido" donde mejor se manifieste esta inquietud de Miguel por el pueblo doliente: "Para la libertad, sangro, lucho, pervivo". Al terminar la guerra, intenta marcharse a Portugal, pero es detenido en la frontera y entregado a la policía española. Comienza entonces una dolorosa peregrinación por diversas cárceles. Inesperadamente, en el mes de setiembre lo dejan en libertad condicional. Solicita asilo político en la embajada de Chile y piensa en emigrar a ese país, pero no se le permite. Se va al pueblo y es apresado de nuevo. En julio de 1940 se le condena a muerte, pero la máxima pena le será conmutada por treinta años de prisión. Aún tiene que recorrer varios centros penitenciarios. Pasa hambre y frío y su salud se resiente. La ultima producción poética de Miguel Hernández se realiza durante su periodo carcelario, desde 1939 hasta 1942. La dramática situación en que vive Miguel durante esta etapa influye de forma definitiva en su creación literaria. A las escasas y limitadas posibilidades materiales para desarrollar su trabajo, hay que unir el natural desánimo producido por la falta de libertad y sobre todo, el progresivo deterioro de su enfermedad que, finalmente, provocaría su muerte. EI Cancionero y romancero de ausencias es una especie de diario íntimo del poeta en el que va recogiendo sus experiencias y vivencias. Los poemas respiran el dolor profundo de un ser que sufre. El tema del hijo muerto abre este libro con un doloroso recuerdo a las ropas con su olor: paños en su aroma. Para Miguel ese hijo está presente siempre: "muerto mío" le llama en distintos versos. El dolor causado por esta pérdida sólo se ve mitigado por el nacimiento de su segundo hijo, Manuel-Miguel, a quien dedica sus conocidas "Nanas de la cebolla" , "a raíz de recibir una carta de su mujer en la que le decía que no comía más que pan y cebolla". A la ausencia del hijo se une la ausencia de la esposa. El recuerdo constante de la persona amada inspira sentidos poemas amorosos de una gran riqueza lírica. Miguel incorpora unos símbolos fundamentales de su mundo poético: el beso y el vientre de la mujer. A estas ausencias se une la ausencia de la libertad que padece Miguel en las cárceles. El poeta se rebela ante esta injusta situación: No, no hay cárcel para el hombre. Hernández, en su soledad, no llega a comprender esta ausencia: Qué hice para que pusieran El último destino es el reformatorio de adultos de Alicante. Allí contrae el tifus, que degenera en tuberculosis. Arrastra durante meses una prolongada agonía en medio de una penosísima situación. Muere el 28 de marzo de 1942. Sus últimos versos quedaron escritos en la pared, según suele afirmarse: Adiós, hermanos, camaradas, amigos,
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